UN LIDER ¿NACE O SE HACE?
El liderazgo es un estado inherente a la personalidad de cada quien. No vamos a una escuela a prepararnos para llegar a ser líderes, sino que es una actitud propia de la psiquis de cada individuo. De hecho, podemos ver, cómo desde pequeños en una guardería o clase, esta habilidad ya está presente en algunos niños, que ejercen influencia sobre el resto de sus compañeros.
Sin embargo, para llegar a ser un buen líder y
aprender a gestionar equipos a nivel organizacional, no basta con
tener “madera de líder”, sino que se hace necesario afinar y ampliar el bagaje
intelectual para enfrentar de la mejor manera los retos diarios que se vayan
presentando en los distintos niveles de competencias de la empresa.
Es difícil establecer una línea divisoria entre la carga
vital que acompaña e inclina a un líder hacia determinado rango o
nivel de ocupación gerencial y las capacidades adquiridas a través de la
formación. La iniciativa, definida como la capacidad de emprender ideas
innovadoras, puede considerarse como algo innato, pero, ampliar la visión de lo
que se quiere hacer y la forma de llevarla a la práctica, es un ejercicio que
se puede mejorar sólo a través del aprendizaje y la experiencia.
De allí que, para alcanzar niveles de excelencia es
necesario, más bien imprescindible, prepararse de forma permanente, estar
atentos a las nuevas corrientes de acción, y prodigar con sello propio, ideas y
proyectos que estén enmarcados en esas visiones innovadoras y de progreso.
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